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No vendo dietas.
Enseño lo que sé.

Y lo que sé no lo he leído: lo he competido, lo he pasado mal y lo he corregido durante veinte años.

De dónde vengo

Atletismo, fútbol, crossfit, MMA, boxeo, natación

He competido en todo eso. No lo he probado: he competido. Y no es una lista para impresionar a nadie, es la razón por la que puedo mirarte y saber qué te pasa cuando te mueves.

Cada uno de esos deportes te rompe por un sitio distinto y te enseña algo que los demás no. El atletismo te enseña el ritmo y la paciencia. El fútbol, a leer un cuerpo en movimiento. El crossfit, dónde está el límite entre intensidad y estupidez. El boxeo y el MMA, a respirar cuando todo te pide dejar de hacerlo. La natación, que la técnica gana a la fuerza siempre. Todas las habilidades funcionales que hay y por haber, cada una cobrándose su peaje.

Veinte años de eso no me convierten en un catálogo de ejercicios. Me convierten en alguien que ya ha visto casi todo lo que te va a pasar a ti.

Lo que descubrí por el camino

Y después de todo eso, resulta que no era el entrenamiento

Lo que de verdad me hizo mejorar fue el bienestar emocional y la comida.

Eso es lo más incómodo que he aprendido, porque llevaba años buscándolo en otro sitio. Buscándolo en el volumen de entrenamiento, en la sesión siguiente, en apretar un poco más. Y el cambio real no vino de ahí.

Vino de estar bien por dentro y de comer como se debe comer. Con eso colocado, el entrenamiento por fin empieza a servir para algo. Sin eso, da igual lo que hagas en el gimnasio: estás poniendo ladrillos sobre barro.

Por eso esto no va de ponerte fuerte. Va de estabilidad, forma física y bienestar, en ese orden. Y por eso una parte de nuestra hora, algunos días, no va a ser entrenar. Va a ser hablar.

La comida

Por qué no te voy a vender una dieta

He probado prácticamente todas las formas de comer que existen. Todas. Unas funcionaron, la mayoría no, y varias funcionaron un tiempo y luego dejaron de hacerlo. Si algo he sacado de ahí es que vender una dieta concreta como si fuera la respuesta es mentir, y no lo voy a hacer aunque venda mejor.

Y no es solo mi opinión. En 2007 JAMA publicó un estudio que enfrentó cuatro dietas famosas durante un año. Lo que predijo quién mejoraba no fue cuál le había tocado: fue si la persona conseguía sostenerla. La dieta perfecta que abandonas en tres semanas pierde contra la imperfecta que mantienes tres años.

Entonces, ¿qué hacemos?

Aprender a comer. Que es otra cosa distinta de hacer dieta. Nada de pesar comida, nada de comer forzado, nada de siete alimentos en rotación hasta odiarlos. Aprender a mirar un plato y saber qué tiene, qué le falta y qué te va a hacer dentro de dos horas.

De todo lo que he probado, lo que más se acerca a hacer bien de verdad es trabajar por proporciones —bloques, si quieres llamarlo así— en vez de por calorías. Pero te lo cuento como lo que es: lo que mejor me ha funcionado a mí y a la gente con la que he trabajado, no una fórmula universal. Contigo empezaremos por ahí y lo iremos moviendo hasta dar con lo tuyo.

Dos cosas que sí están medidas

Porque tampoco quiero que te quedes solo con mi palabra:

Lo que no te voy a decir, porque no es verdad, es que comer muchas veces acelere el metabolismo. Con las mismas calorías, el gasto del día es el mismo. Repartimos por energía estable y porque así llegas a la cena sin hambre de rabia, no por ningún truco.

El entrenamiento

A mí hoy me bastan veinte minutos

Y no porque sea especial. Porque después de veinte años sé exactamente qué necesita mi cuerpo cada día: qué toca, cuánto, con qué intensidad y cuándo parar. Ese saber es lo caro. Los ejercicios están en internet gratis; saber cuál te toca hoy, no.

Ojo, que esto no es una promesa de que a ti te vayan a bastar veinte minutos desde el lunes. Tú vas a tener tu hora entera, y la vas a necesitar. Pero el destino del viaje es ese: que llegues a conocerte tanto que no me necesites. Un entrenador que te quiere atado diez años no está entrenándote, está cobrándote.

Lo que sí te digo desde ya, porque yo he hecho sesiones de tres horas de pesas y lo he pagado: más tiempo no es más resultado. Pasado cierto punto solo estás acumulando fatiga que te va a pasar factura mañana. Y si la comida y la cabeza no acompañan, ninguna cantidad de horas lo va a arreglar.

Dónde está mi límite

Acompaño. No diagnostico

No hacemos análisis. No recetamos. No diagnosticamos ni tratamos enfermedades. Tampoco soy psicólogo ni terapeuta. Esto es acompañamiento personalizado: apoyar a una persona a mejorar su salud y su día a día, dentro de lo que su médico dice que puede hacer.

Hablo de bienestar emocional porque es lo que a mí me cambió y porque en una hora al día con alguien, cinco días a la semana, se habla de la vida. Pero eso es acompañamiento y escucha, no es terapia. Si lo que hay necesita a un profesional de la salud mental, te lo diré y te ayudaré a buscarlo, no a sustituirlo.

Lo mismo con lo físico: por eso te pido el informe médico y por eso no valoro a nadie sin él. Hasta dónde puedes llegar lo decide un profesional de la medicina, no yo. Lo mío es leerlo, entender los límites que marca y construir dentro de ellos.

Por si quieres comprobarlo

Las fuentes de los dos datos

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